Traducción Automática y Traducción Asistida

¿Quién nos iba a decir hace tan solo 20 años que los ordenadores estarían tan presentes en nuestras vidas diarias? Hoy es impensable desarrollar la mayor parte de tareas cotidianas sin la ayuda de esos poderosos aliados que hemos encontrado en los dispositivos digitales. A nosotros también nos han facilitado mucho el trabajo en el campo de la traducción.

Traducción asistida

Un traductor profesional del siglo XX contaba en su despacho únicamente con una maraña de documentos, tres o cuatro diccionarios especializados, su experiencia y toda la paciencia del mundo. Sin embargo, con la introducción de los ordenadores y de la Traducción asistida, la labor se ha simplificado notablemente. La traducción asistida por ordenador (TAO) es el nombre que recibe el software destinado a simplificar los trabajos de traducción.

Por una parte, los programas de traducción asistida segmentan el texto en frases que el traductor va traduciendo. A la izquierda se dispone del texto original, dividido en segmentos. A la derecha se va introduciendo la traducción. Disponiendo el texto en dos columnas, se facilita la labor de traducción, y especialmente la de revisión.

Una vez que se van introduciendo las traducciones, se alimenta la memoria de traducción del programa. Esta memoria nos ayudará en el caso de tener que traducir un término varias veces, o incluso una misma frase. Son especialmente útiles en traducciones técnicas, en las que se debe cuidar mucho la terminología. Pero también en actualizaciones de antiguas traducciones, en las que es preciso cuidar la coherencia entre ambas versiones.

Sin embargo, las memorias tienen limitaciones. Existen infinidad de términos que, dependiendo del contexto, tienen significados distintos. Por ejemplo, blade puede significar cuchilla, pero shoulder blade significa omóplato, y wiper blade limpiaparabrisas. Corresponde al traductor, en última instancia, interpretar el texto y decidir qué término se ajusta más a cada situación.

Traducción automática

Por otro lado tenemos la traducción automática. Puede parecer que haya sido inventada hace relativamente poco, pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que la primera traducción automática se llevó a cabo en los años 50 del siglo pasado. Su función es originar un texto en un idioma B, a partir de un texto en un idioma A, sin la intervención de un traductor humano. Uno de sus métodos es recurrir a traducciones realizadas por traductores humanos y buscar estadísticamente la correspondencia más usada para cada término u oración. Otro método sería el de traducir a partir de reglas en las que se combinan normas lingüísticas y gramaticales con el contenido de diccionarios comunes.

Los resultados siguen lejos de la calidad de traducciones profesionales, aunque es cierto que cada vez son más sofisticados. En cualquier caso, acabarán convirtiéndose en una herramienta más al servicio del traductor. El profesional ha de ser el que interprete el mensaje en su conjunto y aplique las traducciones más adecuadas.

Por tanto, la traducción asistida y la automática suponen, hoy en día, importantes herramientas en la labor de traducción. Bien usadas, pueden ayudar a crear traducciones de gran calidad en tiempos reducidos. No obstante, no basta con tener un martillo para ser carpintero. Los recursos que traducen automáticamente pueden ser útiles en casos concretos en los que deseamos entender el mensaje general de un texto o de una frase aislada. Sin embargo, no pueden competir en calidad con un traductor profesional. Eliminar al traductor implica despreciar la naturalidad, la eficacia del mensaje y, en definitiva, la correcta transmisión del contenido. Una vez más, no basta con Google Translate.

Acerca de Antonio Leal Fernández

Graduate degree in Translation and Interpretation from Universidade de Vigo (2013). Translator and proofreader in the German and English to Spanish combinations.

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