La responsabilidad del traductor (Ex Ante)

Cuando hablamos de la responsabilidad del traductor, abordamos el término de una manera dual, haciendo referencia tanto a aquella conducta proactiva que debe ser observada por el traductor con carácter previo y durante el desarrollo de su labor lingüística, como a las posibles repercusiones a las que, en tanto que profesional, tiene que hacer frente en caso de que su desempeño o el producto final no se correspondan con lo contractualmente pactado o causen daños al cliente.

¿Cómo se concretan estas responsabilidades y qué alcance tienen? Te lo explicamos en el artículo de hoy.

RESPONSABILIDAD EX ANTE

Calidad y profesionalidad

En el mismo momento que uno decide dedicarse a la traducción / revisión de textos, nace una obligación de responsabilidad para con la profesión.

Se trata aquí de un concepto abstracto, una especie de brújula moral que debe ser observada durante todo el proceso de trabajo, y que se sustenta sobre el pilar básico de la calidad de la traducción.

La noción de calidad, de importancia vital, tanto en el producto final como en el proceso de desarrollo, no deja de ser un concepto fuertemente caracterizado por su relatividad. Y así, como bien establece Parra-Galiano «resulta prácticamente imposible contar con una definición del concepto de calidad en traducción consensuada por todos los agentes implicados» (HERMĒNEUS 19, 2017)

Sin embargo, dentro de la subjetividad suscitada, la norma ISO 17001:2015 [1], publicada el 18 de noviembre de 2015, ofrece unos criterios generales para prestar el denominado como “servicio de traducción de calidad», que deben servir como guía para todo profesional que se dedique a la traducción, ya sea como traductor autónomo, agencia de traducción o departamentos de idiomas de empresas.

Fase de revisión

En primer lugar, lo más destacable que aporta la norma es la necesidad de que las traducciones realizadas sean siempre revisadas posteriormente por una persona cualificada distinta del traductor.

De este modo, un servicio de traducción no se limita únicamente a la traducción propiamente dicha (entiéndase, en resumidas cuentas, el traslado de un texto de un idioma a otro, del texto origen al texto meta), sino que esta es solo una etapa más dentro del proceso.

Tras la revisión/verificación de su propio trabajo llevada a cabo por el traductor, interviene un agente independiente, el revisor, que lleva a cabo una revisión bilingüe del texto[2], la cual, de obviarse, no permitiría garantizar al cliente una revisión de calidad.

Teniendo en cuenta que la traducción es una labor humana, incluso los traductores más expertos y minuciosos, grandes profesionales y con una buena praxis profesional, pueden cometer algún error. Estos deben depurarse correctamente en la fase de revisión.

La revisión es una tarea compleja, incluso más que la propia traducción. No solo se lleva a cabo una verificación y revisión de la gramática, terminología y ortotipografía, sino también del estilo y la redacción.

Competencia profesional

Y al hilo de la complejidad de los trabajos, señalamos otro de los puntos fuertes que condicionan la calidad de la traducción desde su inicio: la competencia profesional de los agentes involucrados.

En muchas ocasiones, sobre todo cuando se empieza en el mundo de la traducción profesional, se dice que sí a muchos encargos que no se deberían aceptar para hacerse un hueco en el mercado y, con suerte, construirse una buena cartera de clientes. Sin embargo, no siempre se tienen las aptitudes, competencias y especializaciones profesionales necesarias para acometer esta difícil labor con todo el rigor que se requiere.

La norma ISO, al referirse al perfil competencial de traductores y revisores, exige que los proveedores de servicios de traducción trabajen únicamente con titulados superiores en traducción e interpretación o personas con amplia experiencia profesional demostrable en este campo.

Curiosamente, la norma exige a los revisores una especialización en el ámbito concreto del texto a revisar, pero no a los traductores, cuando son los primeros a los que se les debe exigir una especialización adecuada para llevar a cabo los proyectos. Debe ser (o al menos debe aspirar a ser) un experto en la materia concreta que traduzca, para lo cual muchas veces no resulta suficiente con una titulación en traducción. Por ello, la especialización de traductores y revisores debe ser paulatina, sin dejar de formarse en ningún momento, e incluso obteniendo estudios superiores complementarios a los de traducción.

Toda vez que los sujetos implicados sean los adecuados, se presupone que se obtendrá una traducción final de calidad, por cuanto los métodos, técnicas, procedimientos y especialidades estarán avalados por titulaciones y experiencia profesional.

Términos contractuales

Pero hay muchos más factores a tener en cuenta: contar con los recursos informáticos adecuados (herramientas ofimáticas, traducción asistida), la viabilidad del proyecto y la factibilidad de los plazos de entrega y, en su caso, las necesidades del cliente.

Y es que no podemos olvidar que los servicios de traducción / revisión se prestan a individuos o colectivos con su propia subjetividad y, en consecuencia, sus propias exigencias.

Puede ocurrir que un cliente opte por utilizar una terminología concreta o por un estilo más literal en la traducción y, en la medida de lo posible, debemos adecuarnos a estas exigencias. ¿Por qué? No solo por el hecho de que nuestra responsabilidad se ciñe en torno a un contrato de servicios prestados en condiciones de mutuo acuerdo entre las partes, entre ellas, las necesidades del cliente, sino porque también hay que tener muy presente la finalidad de la traducción a realizar y no son pocas las ocasiones en que los clientes están condicionados por requisitos de determinadas publicaciones o receptores. A este respecto, la comunicación con el cliente es vital.

En resumidas cuentas, en cumplimiento de su responsabilidad ex ante, un traductor debe respetar la profesión de traducción y ser consciente de sus capacidades, limitaciones y necesidades ante cada proyecto determinado. Su objetivo, como el de todo profesional, es prestar un servicio de calidad, que sus clientes queden satisfechos con el producto final y especializarse cada vez más en determinados ámbitos, incrementando sus competencias profesionales y traductológicas. Ser responsable para con sus traducciones, sus clientes y su profesión.


[1]
Norma internacional para proveedores de servicios de traducción. Es importante señalar que no se aplica a las traducciones juradas

[2] La norma ISO 17001:2015 define la revisión como el «cotejo bilingüe del contenido de la lengua de destino con el contenido de la lengua de origen respecto a su adecuación a la finalidad prevista.»

About María Jesús Fernández Villar

Bachelor's degree in Translation and Interpreting. Degree in Law. Sworn Translator ES-FR No. 8381. Translator and proofreader in the French and English to Spanish combinations.

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