La especialización en la Traducción

Desde un punto de vista epistemológico, siempre me ha parecido que el grado de Traducción e Interpretación tenía mucho que ver con el de Periodismo. Las dos son carreras muy válidas para adquirir competencias instrumentales de búsqueda y recogida de información concerniente a una pluralidad de materias particulares del saber humano: unos, para poder afrontar con garantías la traducción de un documento jurídico, médico, técnico o financiero encomendada por un cliente particular; los otros, para poder informar, con conocimiento de causa, a la ciudadanía en general de un determinado suceso de la vida política, económica, cultural o social.

Con todo, es obvio que cuanto más especializada sea la materia, más técnica o más compleja, más complicado le resultará al traductor o al periodista ese proceso de búsqueda, recogida y, sobre todo, “asimilación” de información. No se puede esperar que ninguna persona sea capaz de absorber conocimientos desarrollados en cuatro, cinco o incluso seis años de estudios especializados en apenas unas horas o unos días de preparación para escribir un artículo o una traducción.

Las materias especializadas requieren profesionales especializados

Es, por tanto, habitual que determinados contenidos de los periódicos, como la crítica a una sentencia del Tribunal Constitucional, el análisis de la repercusión de una campaña de vacunación entre la población adulta e infantil o el progreso de las obras de la línea ferroviaria de alta velocidad, se dejen para la pluma, el fonendo o el cartabón de un jurista, un médico o un ingeniero de caminos.

Del mismo modo, cabría esperar que la traducción de un estudio sobre los efectos del alcohol en personas con trastornos distímicos, de un análisis comparativo de la lexicografía española y la alemana o de un folleto sobre seguros de cambio u otros instrumentos financieros complejos la realizase un psiquiatra, un lingüista o un economista bilingüe o cuasi-bilingüe en los dos idiomas relevantes, el de origen y el de destino. Desgraciadamente, bien sea por falta de personas cualificadas, bien por mala praxis de los traductores o de las mismas empresas de traducción, esto no es lo que acontece en la mayoría de los casos.

Mala praxis

Cuando hablo de mala praxis de los traductores, me refiero a que en muchas ocasiones se aceptan proyectos de traducción cuyos contenidos quedan totalmente fuera de las áreas de conocimiento del lingüista, en la mayoría de los casos víctima de esa “ansiedad por trabajar” que sufrimos los profesionales durante nuestros primeros años de experiencia o en épocas de poca demanda, y que a muchos les lleva a decir que “sí” a lo primero que entra por su buzón de correo.

Y mala praxis de muchísimas empresas, cuando por economizar costes o por dejadez asignan proyectos de temática altamente compleja basándose casi que exclusivamente en la combinación lingüística del traductor colaborador.

El cliente está en su derecho de reclamar a la empresa que designe a un profesional especializado, así como a realizar todo tipo de consultas sobre la terminología escogida por el traductor y este, a su vez, tiene el deber deontológico de facilitar todo tipo de explicaciones que deberán poner de manifiesto, sin ningún género de dudas, su pericia en la materia de la que verse el documento.

En este sentido, muchos clientes de englishpanish, especialmente en el área académico-científica y jurídico-financiera, han llegado rebotados de malas experiencias con otras empresas o traductores individuales que acometían proyectos para los que no estaban suficientemente cualificados. El problema: los proyectos no fueron asignados a traductores especializados.

El traductor tiene que aspirar a ser un experto en la materia que traduzca

Especialización

A mi entender, existen varias etapas por las que debe pasar un traductor hasta llegar a la especialización. Durante los tres o cuatro primeros años de profesión se trataría de traducir todo tipo de contenidos no técnicos de carácter general y revisar materiales de contenido técnico traducidos previamente por un traductor especialista. A fin de cuentas, un traductor, al igual que sucede con el periodista, tiene que saber un poco de todo. Tomemos como ejemplo la traducción de un contrato de compraventa de acciones: lo ideal sería que el profesional escogido estuviera especializado en traducción jurídica, pero si una de las partes de ese contrato fuera, por ejemplo, una compañía dedicada a la generación de energía termosolar, podría existir un gran número de cláusulas con contenido altamente técnico más propias de un ingeniero que de un especialista en Derecho.

Durante ese tiempo, el traductor debe ir pensando (y complementando su formación en esa dirección), si no lo ha hecho ya, en el campo o los campos de conocimiento en los que se vaya a especializar, y de manera realista sobre lo que puede o no abarcar. En este sentido es muy habitual encontrar currículos de traductores cuyas especialidades van desde materias tan dispares como la Biología o el Derecho, y pasando por la Ingeniería. El traductor tiene que aspirar a ser un experto en la materia que traduzca, acrecentar su formación. Así, idealmente, un traductor jurídico debería haber estudiado también la carrera de Derecho; un traductor de textos relacionados con la Psicología debería haber estudiado Psicología, etc.

No estoy diciendo con ello que estos estudios complementarios sean absolutamente necesarios para que un traductor haga bien su trabajo. Otras formas de llegar al mismo objetivo (la especialización) es la repetición constante de revisiones y traducciones sobre la misma materia y el autodidactismo del traductor, fuera de la educación reglada. Pero, en todo caso, no cabe duda de que el cliente siempre se sentirá más seguro si se le dice que su traducción jurídica va a ser realizada por un licenciado en Derecho o que la traducción de su manual de usuario de un equipo de trabajo va a ser realizada por un ingeniero.

¿Y a alguien le extraña?

About Francisco de Borxa González Tenreiro

Ferrol (A Coruña), 1976. Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, certificado en Traducción en el Birmingham City College (Birmingham, Reino Unido) y estudios de Filosofía por la UNED. Experto en traducción jurídica y financiera, con más de trece años de experiencia como traductor e intérprete en España, Reino Unido, Estados Unidos, Portugal y Brasil. Además ha sido jefe de redacción de varias publicaciones sectoriales bilingües, escritor premiado de columnas de opinión y es el director general y jefe de proyectos jurídico-financieros de englishpanish.

You May Also Like